¿Si desayunas, a las dos horas tienes hambre, y si no, aguantas más? Te explicamos por qué pasa
El ciclo de la glucosa comienza cuando comes. Los alimentos, especialmente los carbohidratos, se convierten en glucosa, que entra a tu torrente sanguíneo.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) informó que 690 millones de personas en el mundo pasaron hambre durante 2019. ¿Tú qué haces con los desperdicios de comida?
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Muchas personas se hacen la misma pregunta: "¿Por qué si desayuno, a las pocas horas me da un hambre feroz, pero si no como nada en la mañana, puedo pasar horas sin problemas?” Esta experiencia, que parece contradictoria, es muy común y tiene una explicación biológica clara, no psicológica.
La respuesta no está en la fuerza de voluntad, sino en la glucosa, que es el combustible principal de nuestras células. Cómo responde nuestro cuerpo a ella es clave para entender los ataques de hambre y por qué a veces “se nos pasa” sin comer.
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El ciclo de la glucosa: por qué sube y baja tu energía (y tu hambre)
Todo comienza cuando comes, en este caso, cuando desayunas. Los alimentos, especialmente los carbohidratos, se convierten en glucosa, que entra a tu torrente sanguíneo. Este es el “azúcar en sangre” que tus células usan como energía.
Este proceso crea un ciclo de subidas y bajadas:
- Subida (Pico de glucosa): Después de comer, tus niveles de glucosa en sangre aumentan. Tu cuerpo libera insulina para ayudar a que esa glucosa entre en las células y se use como energía.
- Bajada (Valle de glucosa): Una o dos horas después, cuando la insulina ha hecho su trabajo, los niveles de glucosa en sangre descienden. Si esa bajada es muy pronunciada, tu cerebro la interpreta como una señal de alarma y te manda una señal fuerte y clara: HAMBRE.
La intensidad del hambre que sientes depende directamente de qué tan brusca fue esa bajada de glucosa (lo que se llama una hipoglucemia reactiva, que no es grave pero sí incómoda).
¿Por qué un desayuno dulce me da más hambre que no desayunar?
Este es el corazón del fenómeno. La clave está en qué comes para romper el ayuno (desayunar).
Si desayunas algo muy dulce o con carbohidratos simples (jugo, pan blanco, cereal azucarado, galletas): Provocas un pico de glucosa muy alto y rápido. Tu cuerpo responde con un chorro grande de insulina, lo que hace que la glucosa baje también muy rápido y muy abajo. Esta bajada drástica es la que te causa ese “hambre extrema”, con antojos, debilidad y ruidos en el estómago, alrededor de las dos horas después de comer.
Si desayunas una comida balanceada (con proteína, grasa buena y fibra, como huevos, aguacate, avena): La glucosa sube de forma más lenta y sostenida. No hay un pico pronunciado, por lo que la bajada posterior es suave y gradual. El hambre que sientes después es moderada y manejable.
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Si no desayunas (mantienes el ayuno): Tu cuerpo no recibe el estímulo de la comida, por lo que no hay un pico de glucosa que disparar. En su lugar, tu organismo, que es adaptable, utiliza las reservas de energía que tienas (glucógeno en el hígado) para mantener estables tus niveles de glucosa en sangre. Por eso puedes pasar horas sin sentir esa señal de hambre urgente, hasta que esas reservas se agoten.
¿Qué hacer para controlar el hambre y los antojos durante el día?
- Entender el mecanismo es el primer paso para manejarlo. La solución no es “aguantar más”, sino elegir mejor qué comer, especialmente en la primera comida del día.
- Evita romper el ayuno con azúcar o carbohidratos simples solos. Un jugo de naranja o un pan dulce en ayunas es la receta perfecta para un ataque de hambre a media mañana.
- Combina siempre los carbohidratos con proteína, grasa y fibra. Estos nutrientes enlentecen la digestión y la absorción de la glucosa, evitando los picos bruscos. Ejemplos:
- Avena con frutos secos y un yogur griego.
- Huevos con espinacas y una rebanada de pan integral.
- Una tostada de aguacate con queso fresco.
Si no desayunas y te funciona, no hay un imperativo biológico que obligue a hacerlo. Lo importante es que cuando decidas comer tu primera comida, apliques el principio anterior para evitar el efecto montaña rusa de glucosa.
Escucha a tu cuerpo con conocimiento. Si sientes un hambre repentina e intensa, pregúntate: "¿Qué comí hace dos horas?”. Probablemente fue algo muy dulce. Es una señal de tu cuerpo, no un fracaso de tu disciplina.
Preguntas frecuentes sobre el hambre y la glucosa
¿El hambre que siento es real o es ansiedad? La sensación física intensa (rugido de estómago, debilidad, dolor de cabeza) que aparece unas horas después de un desayuno dulce es hambre real provocada por una baja de glucosa. La “ansiedad por comer” suele ser más mental y menos física.
¿Esto me pasa porque tengo diabetes? No necesariamente. Las hipoglucemias reactivas (bajadas de azúcar después de comer) le pueden pasar a cualquier persona, especialmente después de una comida muy alta en carbohidratos simples. Es diferente a la diabetes.
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¿Por qué a veces se me pasa el hambre si no como? Porque tu cuerpo, al no recibir comida, deja de esperarla y cambia a modo “reserva”. Empieza a usar la energía almacenada, estabilizando los niveles de glucosa en sangre y, por tanto, apagando la señal de hambre aguda. Eventualmente, cuando las reservas sean bajas, la señal regresará más fuerte.
La paradoja de “desayunar da hambre” tiene una explicación fisiológica sólida centrada en el manejo de la glucosa. No es un defecto personal, sino la respuesta natural de tu cuerpo a una montaña rusa de azúcar en la sangre.
Tomar el control está en tus manos: al elegir un desayuno equilibrado que combine nutrientes, suavizas las subidas y bajadas de energía, lo que se traduce en un hambre más controlable, mejor concentración y un estado de ánimo más estable durante toda la mañana. Comprender esto te da el poder de alimentarte de manera más inteligente, en lugar de pelear contra las señales de tu propio cuerpo. DJ