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Juan Carlos Rodríguez

Morena estuvo a punto de salir del corazón de Porfirio Muñoz Ledo, pero de último momento el partido frenó, “metió reversa” y se volvió a acomodar en el pecho del político de 86 años.

El nombramiento de Alfonso Ramírez Cuéllar como presidente interino de Morena le hizo olvidar, por ahora, el acto de censura que su propia bancada le propinó la semana pasada, al negarle la oportunidad de correr un video en el que se muestran las agresiones de agentes de la Guardia Nacional (GN) y del Instituto Nacional de Migración (INM) contra migrantes centroamericanos.

El fantasma de una ruptura se disipó, pero lo que se decantó fue un Porfirio más frontal en su postura disidente.

“Morena es el presidente Andrés Manuel López Obrador y un público”, soltó el diputado federal para ilustrar la necesidad de que el partido guinda se organice, tenga una agenda propia y se corte el cordón umbilical que lo ata al tabasqueño. 

“Yo creo que para consolidar la Cuarta Transformación se necesita un periodo de 18 años”, calculó Muñoz Ledo, el hombre con más de seis décadas de trayectoria política y que ha tratado con 11 presidentes de la República.

En entrevista con ejecentral, el expresidente de la Mesa Directiva de San Lázaro se pronunció por el despido de Francisco Garduño en el INM, también habló sobre neoliberalismo, las reformas constitucionales “profundas” que lanzará López Obrador y su retiro político.

Por lo visto, usted se va a morir en la raya con los migrantes…

—Por supuesto. A los migrantes se les está tratando de manera inconstitucional, hemos llevado el tema a un exceso de primitivismo, lo que llamé “salvaje agresión”.

¿Ya perdonó a sus compañeros diputados que le pusieron la mordaza?

—¿Tú viste las imágenes? Pues no las quisieron poner el día que estaba la comisionada de los Derechos Humanos, por eso dije se me está saliendo Morena del corazón, porque es tristísimo ser un luchador social como yo y que la bancada de mi propio partido vote contra mí, fue monstruoso lo que hicieron.

¿Morena ya salió definitivamente de su corazón?

—No, ya se regresó, puso reversa (risas). Y eso se debe a la designación de Alfonso Ramírez Cuéllar como dirigente interino. Es un tipo valiente, es talentoso y yo creo que ya nadie le podrá ganar. 

¿Le gusta en lo que se está convirtiendo Morena?

—No. Hay varios problemas. En el país, por desgracia, el partido no tiene estructura, no es orgánico, pero lo mismo nos pasó con el PRD en su momento. Yo de repente voy a provincia y no encuentro quién es el representante de Morena. Y la explicación es sencilla: Morena es Andrés Manuel y un público, como a él le gusta. Entonces hay que darle otra cara a Morena, va a ser muy complicado, hay que organizarlo desde abajo, armar las estructuras. Pese a todo, somos el único partido que podemos hacer un acto en el Zócalo.

¿Es posible separar al partido de la imagen de López Obrador?

—Morena debe tener su propia agenda muy clara, no sólo la agenda del Presidente. Hay una foto de cuando yo voy a felicitar a Andrés Manuel cuando resulta electo Presidente y entonces le doy un abrazo y después le doy un papel, ese papel era una propuesta de agenda propia de Morena: objetivos de trabajo, reformas constitucionales, reformas legales, actos administrativos, etcétera. Yo confío en que la nueva dirigencia de Morena va a desazolvar muchas cosas.

Engaños y dobles lenguajes

El tema de los migrantes le apasiona a Muñoz Ledo; no olvida su pasado como embajador ni disimula su vocación internacionalista. Cuando se le pregunta qué quiso decir cuando, a través de Twitter, acusó a la Secretaría de Gobernación de actuar con “engaños” y “dobles lenguajes”, el diputado se entusiasma y hasta pide permiso para fumar, pese a que estamos en su propia casa, una residencia color naranja y con nochebuenas en los jardines.

“Eso tiene mucho tiempo…”, dice Muñoz Ledo y enseguida hace una pausa. “¿Se vale aquí que alguien fume? Bueno, perdón, cuando entrevistan al subcomandante Marcos, fuma pipa, y no es la de la paz”, bromea el legislador. Toma uno de sus Marlboro light y, sin encenderlo, prosigue:

“Todo mundo ha utilizado dobles lenguajes desde hace mucho tiempo, el doble lenguaje es: como los americanos no pueden cerrar ni con muro el tránsito hacia Estados Unidos, ellos siempre han presionado a México para sellar la puerta de abajo, siempre han querido que sellemos la frontera del sur, y México lo ha hecho con prudencia, pero sí lo ha hecho, y yo lo he denunciado, con gobiernos del PAN, con los del PRI y ahora con Morena”.

Muñoz Ledo no duda en criticar a la Guardia Nacional, la agrupación que, en el esquema de López Obrador, iba ayudar a serenar al país. “La Guardia Nacional se hizo para perseguir a los delincuentes, no a los migrantes. Ciertamente una de sus leyes reglamentarias habla de migración, pero no para atacarlos, pero se entiende que para fines humanitarios y en el fondo para ayudarlos a pasar”.

Es muy grave lo que se está cometiendo, remarca Muñoz Ledo. “Atacar a los migrantes es no entender que estos que pasan son una rama de la migración, son los refugiados, son expulsados. Y luego la golpiza, esa la quise exhibir en la Cámara y no me dejaron. Por eso yo estoy muy molesto con mis compañeros de Morena. México debe cambiar esa política”.

Y agrega: “Están golpeando gente y hay niños en la cárcel, eso no se le dice al país. ¿Por qué? Los que están en ese puesto no los nombró la secretaria Sánchez Cordero, se los metieron. ¿Quién los metió? Ese es el problema. Yo propongo que se le cese y se cambie a Garduño, si no lo hacen es porque son cómplices”.

Un político no se retira nunca. Ruiz Cortines decía que hay dos profesiones de las que nadie se retira. ‘¿Cuáles, señor Presidente?’. La de político y la de prostituta. Un político es político, siempre.” Porfirio Muñoz Ledo

Los tiempos de la 4T

El escritorio de Muñoz Ledo mide tres metros de largo por uno de ancho. Dos terceras partes del mueble están invadidas por un centenar de libros —entre ellos Breve historia del Villismo, de Pedro Salmerón, y Las tierras ajenas, de Víctor Alfonso Maldonado— con notas adhesivas incrustadas, tarjetas y demás evidencias de lecturas metódicas.

En las repisas, atiborradas de enciclopedias y diccionarios, hay tres retratos. Al centro está una imagen de finales de los años 80 de Muñoz Ledo y Cuauhtémoc Cárdenas, en una especie de selfie que de fondo tiene una plancha del Zócalo pletórica. A la derecha, una fotografía de ambos, pero ahora acompañados de Ifigenia Martínez. Y a la izquierda, un retrato de López Obrador y un mitin en el Zócalo.

 Hace 14 meses, tras la toma de posesión del presidente López Obrador, usted escribió en Twitter que lo veía como un iluminado. ¿Hoy sigue pensando lo mismo?

—Esto me lo han malentendido. Usted recordará que yo estaba sentado entre los dos, entre Andrés y Peña, y eso me permitió percibir su estado de ánimo. Andrés estaba tranquilo, pero cuando le pasé la banda, cuando él empieza a hablar, lo veo con una tensión interior tremenda. Claro, tú estarías emocionado, yo estaría emocionado, pero lo vi como eso, es la palabra que me salió, como un “iluminado”, estaba con una tensión terrible, me llamó la atención la vibración que dio. Y es comprensible, es la culminación de una meta de su vida, lo puse en un tuit y luego me recriminaron que soy un lambiscón. Pero a él lo vi como iluminado, es un calificativo, creo que manejo bien el idioma, pude haber dicho emocionado, pero era más que eso.

Pero, entonces, ¿no tiene que ver con habilidades excepcionales o con quien cree tener la verdad absoluta? 

—No. Iluminado quiere decir varias cosas. Por ejemplo, es el siglo de la luz, que es el siglo XVIII, se les llama el siglo de los iluminados, que son los grandes sabios.

Además del tema de los migrantes, ¿hay otro tema donde crea que el gobierno está fallando y que haya que corregir?

—Yo creo que el gobierno necesita una reforma administrativa. El neoliberalismo amputó muchos órganos del
Estado, porque redujo la intervención del Estado y desreguló. Yo pienso que hay una manera efectiva de bajar de peso y es el fitness, que es quitarse los tejidos grasos, pero lo que hizo el neoliberalismo fue una amputación, de repente se quitaron un brazo y dijeron ya nos quitamos 20 kilos. Lo hicieron brutalmente.

Hablando de neoliberalismo, ¿usted coincide con que ya quedó atrás y que se puede abolir por decreto?

—No. A nivel mundial, desde luego que no. En México sí le entramos con fe. El gobierno de Miguel de la Madrid privatizó todo y le fue como en feria económicamente. Entonces, ¿por qué no acaba el neoliberalismo? Porque es mundial y afecta a todos. Entonces, se ha corregido, pero el Estado no se adapta a esta nueva era.

¿Y sí va de salida el neoliberalismo, aun con T-MEC?

— Sí, claro, con todo y el T-MEX, así le llamo yo para nacionalizarlo: T-MEX. A ver, ¿qué no podemos quitar del neoliberalismo, o qué tuvo como ventajas? El libre mercado, eso es bueno, porque acabó con el proteccionismo. En México se resintió mucho porque había un Estado proteccionista, pero ya se fortaleció. Si se sigue con el mercado abierto hay que reformar las instituciones económicas, privadas y públicas para trabajar mejor. El neoliberalismo está de salida, pero va a durar todavía un rato.

¿La Cuarta Transformación se parece a lo que usted alguna vez llamó Cuarta República?

—Va en ese sentido. El Presidente ha querido llamarle 4T, pero antes le llamábamos 4R, la Cuarta República, con la diferencia de que ésta contemplaba una nueva Constitución. El Presidente no cree que haya condiciones para hacer una nueva Carta Magna porque es peligroso, porque van a pensar los de derecha que vamos a hacer la dictadura del proletariado o algo así.

“El Presidente ya dijo que ya se acabó la ronda de reformas constitucionales, que ya no va a presentar más, pero lo hace para tranquilizar a la gente, porque mi impresión —mi feeling, como dicen los americanos, que es más que olfato— es que a medio camino, después de las elecciones intermedias, si él llega a la revocación de mandato con un apoyo grande, alrededor del 70%, habrá reformas de mayor calado.

¿Cómo cuáles?

—No puedo decirlo, no vayamos a espantar a los empresarios. Hay varias. El Presidente no ha querido anunciar eso, pero seguramente si mantiene la misma popularidad hará reformas más profundas.

¿Por dónde pueden venir?

—Yo no conozco su agenda exactamente, pero he pensado, por ejemplo, en la redefinición de la democracia. Dice el artículo 41 constitucional, que habla de las instituciones, “la soberanía se ejerce a través de los Poderes de la Unión y los poderes de los estados en sus respectivas competencias”. Ya tenemos democracia participativa, ya tenemos democracia refrendaria, ya tenemos democracia comunal, de los pueblos indígenas, hay que unificar eso.

“Hay un problema. La Constitución tiene una gran cantidad de parches que le han puesto en cada sexenio, es un monstruo, es deforme por todos lados. Es monstruoso lo que han hecho. Hay artículos contrapuestos, artículos que no se entienden, otros que no se aplican y lo peor: hay leyes que no coinciden con el artículo de la Constitución, por ejemplo la ley del Congreso”.

¿Usted estaría dispuesto a hacer ese trabajo?

—No creo que lo vayan a hacer ahora, pero a mí me encantaría que esa fuera mi última tarea de mi vida pública. Tengo 50 años pensando en esto. La Constitución tiene 136 artículos y yo he pensado que una buena Constitución debe tener como 90, se tiene que quitar mucha paja, sobre todo artículos que ya están obsoletos.

¿Hay tiempo en esta Legislatura?

—Cómo no. ¿Tú sabes cuántos meses se tardaron en hacer la Constitución de 1917?

No.

—Tres meses.  

El retiro

¿Para el proceso electoral de 2021 cómo vamos a ver a Muñoz Ledo?

—Yo apunto a la jubilación. Me quedan dos años para echar a andar el Instituto de Estudios Legislativos y después, no sé. Lo que sí te puedo asegurar es que no me voy a meter de monje (risas).

¿Se puede jubilar alguien con la trayectoria de Muñoz Ledo?

—No, Porfirio Muñoz Ledo es injubilable. (risas). Pero hay otras cosas, tengo un ofrecimiento de la UNAM para trabajar con un equipo de trabajo de varias facultades para hacer mis memorias, la segunda parte.

¿Un político se retira?

—Un político no se retira nunca. Ruiz Cortines decía que hay dos profesiones de las que nadie se retira. “¿Cuáles, señor Presidente?” La de político y la de prostituta. (risas).

Un político es político, siempre. En el fondo, todos los seres humanos somos políticos. Ayer veía en la librería un libro de Bertrand Russell que se llama El Poder y dice textualmente que siempre el ser humano aspira al poder y el poder es el poder. Poder hacer algo es tener poder para hacer algo.

—¿Cómo se imagina a México en 2024?, ¿qué pasará en la época después de AMLO?, ¿quién continuará la obra?

—Es muy complicado. Ese pensamiento que me lo he hecho. Pienso que tiene que haber otros dos presidentes. Obviamente Andrés no va a tener ningún intento releccionista, eso en México no se puede y al último que lo hizo lo mataron, que es Álvaro Obregón.

“Yo veo la historia mexicana contemporánea en periodos de 18 años. Por ejemplo, el de Obregón, Calles y Cárdenas; el tercero siempre cambia el rumbo para otro ciclo; de Cárdenas viene Ávila Camacho y Miguel Alemán, pero Alemán cambia para otra dirección; entonces está Ruiz Cortines, López Mateos y Díaz Ordaz, que cambia para otro rumbo al final.

“Yo creo que para consolidar la Cuarta Transformación se necesita un periodo de 18 años que sigan la misma línea, porque el último cambia“.

Después de dar por terminada la entrevista y al momento de la despedida, Muñoz Ledo agrega un último comentario, ya fuera de cámara: “En el tema de migración no cederé, porque es casi una traición al país lo que están haciendo”.  

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