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Bernardo Naranjo

El Presupuesto de Egresos de la Federación 2022 (PEF) ha sido aprobado por el Congreso de la Unión. En los temas educativos, su contenido sigue la línea trazada desde el inicio de la administración, de manera que continúa siendo centralista, poco sustentado en la evidencia y que retira recursos a instituciones y escuelas para otorgar apoyos universales a estudiantes de media superior. En 2022, a esas tres características se agregan un desinterés oficial por construir consensos en torno al presupuesto y la falta de atención a las necesidades surgidas en la contingencia:

Presupuesto educativo
  1. Es un presupuesto centralista. El PEF 2022 continúa una tendencia que comenzó al iniciar el siglo, cuando se crearon programas que requerían aportaciones estatales (Programa Escuelas de Calidad, por ejemplo), con lo que los dineros locales se alineaban con los federales. La tendencia continuó en la pasada administración con la creación del Fondo de Aportaciones para la Nómina Educativa y Gasto Operativo (FONE), que eliminó las economías estatales que les permitían efectuar acciones propias, pero que no siempre habían sido usadas con fines educativos ni con la transparencia debida. Entre 2019 y 2022 muchos programas disminuyeron o desaparecieron para concentrar recursos en transferencias directas a estudiantes. Sin los programas de Escuelas de Tiempo Completo, fortalecimiento académico, capacitación docente y otros, los estados se quedaron sin la posibilidad de tener alguna incidencia en muchas escuelas. La recentralización no es negativa en sí misma si los recursos se asignan con criterios educativos, pero los siguientes puntos ofrecen elementos para afirmar que este no ha sido el caso.    
  2. Es un presupuesto que no buscó consensos. Normalmente, el PEF es objeto de complejas negociaciones para incorporar acciones que son de interés local o bien de diversos grupos políticos y sociales. El PEF 2022 fue diferente, pues la mayoría en el Congreso rechazó todas y cada una de las mil 994 reservas propuestas por la oposición. El riesgo es mayúsculo, pues quienes se sientan excluidos podrían acatar sin cumplir; gastar sin responsabilizarse de los resultados; operar a título de suficiencia o solamente simular.    
  3. Es un presupuesto que no se sustenta en la evidencia. En esta administración, el manejo de la información empírica se ha minimizado. La toma de decisiones dejó de sustentarse en datos concretos para hacerlo desde la ideología. Un ejemplo claro es el principal programa educativo de la administración en términos presupuestales, la Beca Universal Benito Juárez para Media Superior (34 mil 500 millones para 2022), que hereda los objetivos, mecanismos y experiencia del programa PrepaSí de la Ciudad de México (CDMX). Sin embargo, esta asignación ha decidido ignorar que, desde que PrepaSí comenzó a operar en 2007, la CDMX ha visto incrementar el abandono escolar de media superior que decía combatir. La capital retrocedió desde el lugar 12 con menor abandono en aquel año, para ubicarse en el último lugar (sí, el número 32) una década después. En la última medición, la CDMX permanece en la posición 30 (con datos de SEP). Un fracaso local se convirtió en política educativa nacional. 
  4. Es un presupuesto profundamente regresivo. Contrario a lo esperado por un gobierno que pregona la equidad como prioridad, los recursos se reasignan en detrimento de la población de menores recursos. El PEF 2022 otorga becas a estudiantes de media superior aun cuando provengan de los deciles más favorecidos de la población, en tanto que profundiza los recortes a programas que atienden a la población más pobre del país. Dos ejemplos: la educación para adultos dirigida a quienes no saben leer ni escribir, o bien no concluyeron su educación básica, recibe 841 millones de pesos menos que en 2018, una reducción de más del 33% sin considerar la inflación. La Dirección General de Educación Indígena de SEP, por su parte, recibe un castigo aún mayor, pues tendrá en 2022 apenas 174 millones de pesos, 62% menos que en 2018 sin considerar la inflación. El gobierno exige disculpas a la Corona española, en tanto que mutila hoy la posibilidad de que nuestros pueblos indígenas mejoren sus posibilidades de desarrollo. En lo general, la redistribución de recursos ha afectado a los más pobres (deciles I y II), como lo demuestra Gonzalo Hernández Licona, experto en política social y ex titular del Coneval. 
  5. Es un presupuesto que no atiende las prioridades generadas durante la contingencia. La mayor emergencia educativa en la historia de la SEP ha dejado a millones de estudiantes en situación de gran fragilidad, ya sea por la dificultad para vincularse a la escuela o bien por el rezago académico derivado de la educación a distancia. No obstante, no se advierten programas o acciones que atiendan lo anterior. La localización, recuperación, nivelación y acompañamiento de estudiantes deben hacerse sin apoyo federal alguno. No hay tampoco apoyos para conectividad o consumibles para desinfección de personas e instalaciones. En congruencia con la eliminación de la palabra “calidad” tanto en el Artículo 3º de la Constitución como en la Ley General de Educación, las partidas para capacitación docente se mantienen en niveles históricamente bajos: menos de $380por docente al año (de los cuales los estados recibirán solamente $52) cuando más se requiere fortalecer sus competencias pedagógicas, socioemocionales y tecnológicas. Y el ya eliminado Programa de Fortalecimiento de la Calidad no ha sido sustituido por alguno que busque impulsar la “excelencia”. 
Presupuesto educativo

Si el evento más disruptivo en la historia de la SEP no logró modificar el rumbo, parece claro que muy poco variará en esta administración. A ello abonan la falta de datos y evaluaciones académicas que ilustren avances y retrocesos, como parte de una gestión que subestima la gravedad de los problemas, además de la poca o nula reacción de partidos políticos y especialistas, incluso de aquellos que con buenos argumentos criticaron la reforma 2013: quienes ayer estaban justamente preocupados, hoy parecen preocupantemente conformes. Solo queda preparar una reconfiguración mayor a partir de 2024.  

Tiempos extra

UNESCO llama a repensar la pedagogía, sus contenidos, la enseñanza y las escuelas, en una escala que represente un nuevo acuerdo social en torno a la educación. Los Futuros de la Educación es un llamado a la reflexión y a la acción para replantear los sistemas educativos en torno a las nuevas necesidades de un mundo en permanente cambio. Son tiempos de escuchar, aportar y reconstruir.  

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