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En el gobierno federal parecen estar como noqueados por el monstruo que crearon en Guerrero con Ángel Heladio Aguirre. Por eso, dicen los que saben, el manejo del crucero que le negaron atracar en Cozumel porque venía una persona que había estado en contacto con un paciente de Ébola en Texas, fue un desastre. La persona había tomado el crucero porque se encontraba dentro del límite exigido para establecer si estaba contagiada o no, y cuando en Estados Unidos se extendieron los límites, ella notificó al barco y se auto recluyó en su camarote. El capitán del barco informó y el embajador Tony Wayne habló con la cancillería. Primero le dijeron que no habría problema y que podrían bajar los pasajeros. Pero luego, le dijeron que siempre no. Órdenes superiores cambiaron de opinión y lo que era sí se convirtió en no. Humillado, el crucero llegó a Belice y a Honduras y sin poder bajar pasajeros, se regresó a Texas. Los estadounidenses deben haber pensado: ya verán cuando tengan su primer infectado y pidan ayuda.  

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