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Jonathan Nácar

Los efectos de la emergencia sanitaria por la Covid-19 han implicado cambios en la forma en que funciona la delincuencia organizada transnacional y los mercados ilegales a nivel mundial. En el caso de México, las autoridades descubrieron “el afianzamiento de las agrupaciones criminales” y su expansión en sus operaciones con los cárteles en Venezuela y Colombia, en su propio territorio. 

Al presentar su informe 2020, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) de la ONU advirtió que mientras la pandemia en México podría implicar “aumento de la violencia armada, vinculada a la delincuencia organizada y diversificación de actos delictivos por la reducción en los ingresos del mercado de drogas”, los cárteles han ampliado su presencia a otros territorios. 

En tanto, un informe de la Fundación Paz y Reconciliación, citado por la JIFE, señala que en Colombia “ha aumentado la presencia de cárteles y grupos de narcotraficantes mexicanos” los cuales han ampliado, en financiamiento y armamento, a los cárteles de ese país. En el estado de Zulia, Venezuela, se detectó la operación del Cártel de Sinaloa, “que ha aprovechado las pistas de aterrizaje existentes para construir centros de tránsito y recogida de estupefacientes, con el apoyo del Ejército de Liberación Nacional de Colombia”, señala el organismo. 

Aunado a ello, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes reitera la expansión que registra el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que en conexión con los mercados de China e India, obtiene precursores para la fabricación de metanfetaminas. Este grupo criminal también trafica varias toneladas de cocaína de heroína mezclada con fentanilo con destino a Estados Unidos, información que fue detectada como parte del Proyecto Pitón, que en marzo del año pasado dio a conocer el Departamento de Justicia estadounidense. 

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