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Jorge Buendía

El apoyo ciudadano al presidente Andrés Manuel López Obrador despierta muchas interrogantes desde hace un par de años. En particular, llama la atención que las percepciones negativas sobre la economía y la seguridad pública no se reflejan en la aprobación presidencial; es decir, las crisis económicas y de seguridad no se han traducido en una caída de la aprobación presidencial.

La dificultad para entender el respaldo popular a AMLO radica parcialmente en la insuficiencia del marco teórico con el que lo analizamos. Por lo general, politólogos y encuestadores buscamos entender el apoyo a los gobernantes a partir de sus resultados y, en especial, por los indicadores económicos o de seguridad de su gobierno. Pero, como el mismo López Obrador nos lo recuerda día a día, muchas veces los resultados gubernamentales están en función de decisiones tomadas por gobiernos anteriores. AMLO incluso se remonta hasta 1982, cuando dio inicio lo que él denomina el periodo neoliberal, para explicar la ausencia de resultados en su gobierno. En la medida que esta narrativa resulta convincente para la población, o para una parte importante de ella, encontraremos que los malos resultados gubernamentales no se reflejarán en un juicio negativo sobre el Primer Mandatario. De esta forma, la narrativa de la exoneración  triunfa sobre la narrativa de la rendición de cuentas.

La pandemia reforzó la narrativa de la exoneración. A diferencia de las crisis de los años 80 y 90, la pandemia es un evento cuyo origen es ajeno al gobierno, incluso de corte mundial. Por ello, sus consecuencias negativas no se le pueden achacar fácilmente a la actual administración. Es difícil persuadir a los ciudadanos de que la crisis económica generada por el coronavirus es responsabilidad del gobierno. De hecho, los niveles de aprobación de López Obrador son sorprendentemente estables desde que inició la pandemia, a pesar de que la economía del país se contrajo abruptamente. En enero de 2020, el promedio de aprobación de AMLO fue de 59 por ciento y su desaprobación de 36%, para un balance de +23 (todos los datos de aprobación provienen del poll of polls de Oraculus.mx). Los datos de aprobación más recientes arrojan que la aprobación es del 61% y el balance de +27. La crisis 2020-2021 no ha dañado la imagen presidencial.

Si bien la narrativa de exoneración ha sido dominante, hay evidencia de que durante el primer año los ciudadanos fueron receptivos a una narrativa intertemporal; es decir, estuvieron dispuestos a pagar los costos inducidos por la ruptura del statu quo que emprendió la actual administración. En particular, el combate a la corrupción se convirtió en el caballito de batalla gubernamental para persuadir a la población de aceptar los costos de su transformación. El desabasto de gasolina en diversas zonas del país a raíz de la llamada “guerra vs el huachicol” no sólo no dañó la imagen presidencial, sino que llevó su aprobación al punto más alto del sexenio.

El desabasto de medicinas también se ha justificado desde la óptica del combate a la corrupción, aunque ha perdido poder de persuasión paulatinamente.  Y es que el paso del tiempo es el principal enemigo de la narrativa intertemporal: la ciudadanía está dispuesta a asumir y sufrir costos en el presente a cambio de un mejor futuro, pero el argumento se desgasta cuando el arribo a la tierra prometida se retrasa.  En todo caso, las expectativas positivas sobre el rumbo del país se derrumbaron con la llegada de la pandemia.

La narrativa intertemporal tuvo mayor penetración en los primeros meses de la administración, pero para abril de 2020 ya era mayoritaria la opinión de que la economía nacional estaría peor en los meses subsecuentes, lo que rompió con la racha de expectativas positivas que se inauguró con la victoria de AMLO. En febrero de 2019, 45% de los mexicano creía que la economía del país mejoraría en los 12 meses siguientes, pero para abril de 2020 el porcentaje fue de solo 27 por ciento. Las expectativas negativas pasaron de 17 a 46 por ciento en el mismo periodo (datos de confianza del consumidor, INEGI, disponibles en Oraculus.mx).

Las explicaciones sobre el respaldo a López Obrador desafían las hipótesis más comunes, pero también el camino que ha seguido su popularidad ha sido diferente al de otros gobernantes mexicanos.  Al analizar las trayectorias de aprobación presidencial (Oraculus.mx) se advierte que la heterogeneidad ha sido la norma. Mientras Ernesto Zedillo tiene una trayectoria de popularidad ascendente conforme transcurre su sexenio, lo opuesto tuvo lugar durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. Mes tras mes su popularidad se fue erosionando. La aprobación de Felipe Calderón, por otra parte, tiene un alto grado de estabilidad durante sus seis años de gobierno (aunque la reprobación sí aumentó).

La trayectoria de la aprobación de López Obrador se asemeja más a la de Vicente Fox. Tienen el tradicional periodo de “luna de miel”, después viene un descenso importante y luego se estabiliza. A los 15 meses de gobierno, Fox ya había perdido 22 puntos de aprobación al caer de 70% (mes 2) a 48% para el mes 15. AMLO, por su parte, alcanzó 81% en su segundo mes para llegar a 59% en el mes 15. El descenso fue también de 22 puntos porcentuales. De entonces a la fecha, se ha mantenido relativamente estable.

Al comparar las trayectorias de aprobación presidencial destaca cuán anómalo es el hecho de que los mexicanos reprueben a sus gobernantes. Quizá la deferencia a la autoridad de los ciudadanos explique parte de este patrón. Lo cierto es que, de diciembre de 1994 al día de hoy, el apoyo al presidente ha sido superior al rechazo en 78% de los meses transcurridos (en 250 de 320 meses transcurridos). Las palmas de la vergüenza se las lleva Peña Nieto, quien fue muy impopular durante la mayor parte de su gobierno. El otro mandatario que vivió una época de impopularidad fue Zedillo, a quien se le castigó por la crisis económica de 1994-1995. Sin embargo, para septiembre de 1996, a poco menos de dos años de haber iniciado su encargo, su nivel de apoyo fue superior al rechazo.

En conclusión, a la mitad de su administración, la popularidad de AMLO se puede explicar más a partir de la narrativa de la exoneración que de la narrativa de rendición de cuentas. Aquella, sin embargo, tiene un periodo de caducidad. Conforme nos adentremos en la segunda mitad del sexenio, será más difícil atribuirle, de manera convincente,  la responsabilidad por la situación actual del país a los gobiernos precedentes o a la pandemia. 

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