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Juan Carlos Rodríguez

jcrodriguez@ejecentral.com.mx

“Yo antes era ateo, ¡ahora creo en AMLO!”, se lee en la pancarta que ostenta Arturo Morales, un profesor jubilado de 59 años que esta tarde acudió al Zócalo capitalino a la conmemoración del primer aniversario de la llegada al poder de Andrés Manuel López Obrador, quien hoy demostró que posee un bono de paciencia de sus seguidores.

Con chamarra de camuflaje, lentes de espejo y oriundo de la colonia Atlampa, de la Ciudad de México, el profesor Arturo asegura que su leyenda es verídica. “Yo no creo en ningún Dios, pero sí creo que este hombre es honesto y quiere sacarnos del hoyo», refiere sobre el mandatario, que esta tarde declaró que en un año la Cuarta Transformación será irreversible.

“¿Cuánto tiempo necesitaremos para consolidar la transformación?”, preguntó el tabasqueño a las decenas de miles de personas que aguantaron hora y media bajo el sol, escuchando su balance anual. “Pienso que un año más; es decir, en diciembre del 2020 ya estarán establecidas las bases para la construcción de una patria nueva”.

Foto Juan Carlos Rodríguez

Para la Navidad de 2020, según los cálculos de López Obrador, será imposible regresar a la “época del oprobio”. Y en caso de que los llamados conservadores volvieran a ganar las elecciones en 2021 o 2024, predijo, “tendrían que esforzarse muchísimo y pasar mucha vergüenza para retroceder a los tiempos aciagos de la corrupción, de los contratos leoninos, de la condonación de impuestos, de los fraudes electorales, del abandono a los jóvenes, del racismo y del desprecio a los pobres”.

Desfile de estrellas

El discurso de López Obrador comenzó a las 12:01 de la tarde, después de que los integrantes del gabinete fueron saliendo, uno a uno, de Palacio Nacional para tomar sus asientos en las zonas designadas para invitados especiales.

El más ovacionado por la gente que estaba pegada a las vallas metálicas fue Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores, quien a lo largo del último año ha tenido que vestirse de bombero para apagar fuegos que se producen fuera de su ámbito, como es el comercio con Estados Unidos o la seguridad en la zona norte del país.

Después del canciller, la que suscitó más porras fue Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación, quien ya cumplió 12 meses en el cargo, pese a que las quinielas decían que sería la primera en salir del gabinete lobrezobradorista.

Los que caminaron por el pasillo en solitario y sin mayor bulla fueron Graciela Márquez, secretaria de Economía; Arturo Herrera, titular de Hacienda; Alfonso Durazo, secretario de Seguridad, y José Ramón Beltrán López, el mayor de los hijos de López Obrador.

El que estuvo muy solicitado con las “selfies” fue Esteban Moctezuma Barragán, secretario de Educación Pública, quien llegó demorado y debió pasar por la muchedumbre, lo que le pagó con más de 10 minutos de jaloneos, abrazos y solicitudes de fotos.

Foto Juan Carlos Rodríguez

Pero su martirio fue menor al del padre Alejandro Solalinde, asesor del presidente López Obrador en materia de derechos humanos y migración, pues pasó un pequeño viacrucis antes de adivinar dónde estaba el acceso para los funcionarios.

«Doy la vida por el Presidente”

Frente al antiguo Palacio del Ayuntamiento, sede del gobierno de la Ciudad de México, una mujer de 63 años corea cada frase del Presidente. Lleva en la mano un peluche con la imagen de López Obrador y brinca de emoción cuando el tabasqueño dice que “el pueblo” es el ángel de la guarda que lo cuida desde el comienzo de su vida pública.

“Es que yo amo a López Obrador, es lo más importante para mí”, dice la señora Sandra San Juan, proveniente de la colonia Jardines de Chalco, en el estado de México. “Yo doy la vida por nuestro Presidente, y no sólo yo, también mi familia”, y apunta a los dos hijos que la acompañaron, uno atleta de alto rendimiento e ingeniera la otra.

Se enfada cuando se le recuerda que la economía está estancada y que 2019 será el año con más asesinatos desde que se tienen estadísticas. “Yo vengo a todos los mítines desde el desafuero, y siempre son los mismos ataques”, dice Sandra, enfermera de profesión, quien resalta los beneficios que tienen las becas que da el mandatario. “Qué mayor bendición y tranquilidad que los chamacos estén en la escuela y no delinquiendo”, exclama.

Foto Juan Carlos Rodríguez

El tema de los jóvenes llevó hoy al presidente López Obrador a improvisar, pues una mención que hizo de ellos no aparece en la versión estenográfica que su equipo de comunicación repartió entre los medios. Se trata del momento en que el mandatario aseguró que le preocupa el problema de las adicciones y que la felicidad no la dan las drogas, sino “estar bien con nuestras conciencias y estar bien con el prójimo”.

Incluso se refirió a las series televisivas en las que se aborda el tema del narcotráfico en México. “¿Qué es lo que reflejan esas series?”, preguntó el Presidente. Grandes mansiones, autos de lujo, muchachas guapas y muchachos guapos, ropa de marca, enlistó el tabasqueño, para después asegurar que «esa no es la felicidad, sino el sufrimiento».

En los 84 minutos que duró el discurso de López Obrador, uno de los momentos en que más emotividad reflejó fue cuando pidió la ayuda de la concurrencia para combatir las adicciones, sobre todo del cristal y el fentanilo. “Ese no es el camino, y ustedes me van a ayudar a decírselo a los jóvenes”, suplicó.

Hasta el suplicio

Una hora después de comenzada la intervención de López Obrador, los asistentes comenzaron a usar los objetos que estuvieran a su alcance para protegerse de un sol contumaz: lonas, cartones, banderas o hasta sus propias playeras. De hecho, un sector del público se replegó hacia los edificios del gobierno capitalino en el afán de tocar un poco de sombra y evitar el golpe de calor.

Sólo una persona se mantuvo inamovible ante la radiación, pese a no tener gorra ni sombrilla. Su nombre es Germán Ortega, de 41 años, quien llegó a la plancha del Zócalo a bordo de una silla de ruedas motorizada. Arribó sin compañía desde Iztapalapa con el único propósito de acompañar al mandatario en su informe de labores por el primer año de gobierno.

Foto Juan Carlos Rodríguez

“Él es el primer gobernante que de verdad se preocupa por nosotros”, dijo Germán, quien aseguró tener confianza en que dentro de dos o tres años la calidad de vida de los mexicanos cambiará y será “visible para todos”.

Germán ofrece una disculpa y adelanta su vehículo eléctrico porque quiere sumarse a las ovaciones cuando López Obrador estaba a punto de rematar su participación: “Yo sólo soy un dirigente; el pueblo es el gran señor, el amo, el soberano, el gobernante, el que verdaderamente manda y transforma. No olvido y siempre recuerdo lo que decía el presidente Benito Juárez, con tanta profundidad y sencillez: “con el pueblo todo, sin el pueblo nada”.

Justicieros del Presidente

Diez minutos después de que López Obrador concluyó su alocución, y cuando los asistentes comenzaban a desalojar la plancha del Zócalo, un grupo de aproximadamente 100 personas rodeó al reportero Irving Pineda, de Televisión Azteca, a quien le gritaron insultos por supuestamente haberle faltado al respeto al Presidente.

El altercado ocurrió sobre la calle 16 de Septiembre, luego de que el reportero se aisló de la multitud para hacer una llamada telefónica. En ese momento, una mujer se le acercó, lo acusó de haber molestado a López Obrador en una conferencia mañanera y le dijo “te equivocaste de marcha”, lo que provocó que en cuestión de segundos el periodista se viera rodeado de decenas de personas que vociferaban: «fuera», «chayotero», «marrano», “vendido”, entre otros insultos.

El comunicador cobró notoriedad el pasado 31 de octubre, durante la conferencia más larga y ríspida que ha habido en los 365 días que López Obrador lleva en la Presidencia. Ese día se dio a conocer el minuto a minuto del operativo en Culiacán que dos semanas antes se había saldado con la liberación de Ovidio Guzmán López, hijo del narcotraficante Joaquín El Chapo Guzmán.

Aquella mañana del 31, López Obrador había perdido la paciencia ante los cuestionamientos de los reporteros y sugirió detener la conferencia para continuar al día siguiente, pero los periodistas siguieron preguntando, entre ellos Pineda, quien pidió detalles sobre la forma en que se liberó a Ovidio Guzmán, si en algún momento fue trasladado a alguna dependencia de gobierno o si algún funcionario había negociado la entrega con integrantes del cártel de Sinaloa.

“Bueno, si TV Azteca quiere poner eso, que lo ponga”, dijo un desesperado López Obrador, quien aseguraba que ya se habían dado a conocer todos los pormenores. Sin embargo, ante la insistencia del reportero Medina, el Presidente, con el rostro descompuesto, pidió no ser amarillistas y entender lo delicado del operativo.

Desde entonces, Irving Pineda fue severamente cuestionado en redes sociales, pero nunca había sido intimidado como esta tarde en el Centro Histórico, donde, en entrevista con ejecentral, confesó que temió por su integridad física, pues los inconformes le gritaban: “el que se mete con el Presidente, se mete con el pueblo”.

Después de unos diez minutos de acoso, el reportero de Televisión Azteca fue auxiliado por personal del gobierno capitalino, quienes lo ayudaron a zafarse de la muchedumbre y lo condujeron a un edificio oficial.

En entrevista, el comunicador dijo que los hostigamiento del que fue objeto es una “alerta roja de lo que está ocurriendo, porque uno no puede hacer periodismo crítico, porque entonces llegan y te empiezan a rodear y a insultar”. Agregó que esta situación es consecuencia de que “el Presidente está llevando el discurso a un terreno para que la gente piense que los periodistas son enemigos del gobierno, y no es así”.

Ya rumbo a la estación del Metro Pino Suárez, un hombre alza una pancarta que dice: “Dios salve al Peje. No estás solo”. El propietario es Carlos Delgado, vecino de Santa Martha, en Iztapalapa, quien aseguró que la llegada de López Obrador es “lo mejor que le ha pasado a México”, pese a que la inseguridad, admitió, “nos sigue intimidando a todos”.

Los vendedores ambulantes comienzan a recoger sus mercancías, entre ellos los que ofertan camisetas, calendarios y tazas decoradas con la imagen del hombre de Macuspana. Una de las tazas tiene la leyenda: “Yo te admiro porque nunca te diste por vencido. Te calumniaron, te ofendieron, hicieron lo posible para que no llegaras, pero estás aquí, de pie, mi Señor Presidente”.

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